Christian Kessel - De la subrogación de la técnica jurídica a la revelación de la Estética del Derecho. La jurisprudencia versus las sirenas.
Christian Kessel
Facultad de Derecho, UBA
Desde hace miles de años, Occidente aprovecha los poemas homéricos para pintar su presente y proyectar su futuro. Ni siquiera el panorama jurídico contemporáneo constituye una excepción. Al inaugurar el año judicial, el 19 de marzo de 2019, el entonces presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz afirmó que: “...lo que importa es que el resultado del pleito venga determinado por las razones jurídicas que lo justifican. (...) Significa que debemos comprometernos en casos futuros a aplicar esos mismos principios aunque, reitero, el resultado sea impopular o antipático. Significa que, como Ulises, somos capaces de atarnosal mástil de la legalidad. Como yo lo veo, este es el camino para recuperar confianza y legitimidad.” Luego, a pocos días de las últimas elecciones presidenciales, el actual presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti se presentó en un evento por los 170 años de la Constitución Nacional, organizado por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Allí advirtió que: “El canto de las sirenas es muchas veces el canto de la desunión, el canto de la grieta, el canto del enfrentamiento. Hay que aferrarse al mástil de la Constitución, que es la prenda de unidad, de la unidad nacional. Fue la prenda de unidad nacional lo que nos hizo salir de la anarquía en 1853, fue una prenda de unidad nacional para establecer la reforma de 1994, y seguramente va a ser una prenda de unidad nacional para transitar este mar Egeo que tenemos que transitar para llegar al destino que todos queremos.” En estos términos, dos de los tres actuales ministros de la Corte Suprema nos han invitado a que emulemos a Ulises para conducirnos a través de los desafíos del presente. Intentemos retomar y proseguir esa tarea. Consideremos que Ulises no se hizo atar al mástil de su barco para no tentarse. Por el contrario, siguió la recomendación de Circe para disfrutar del canto de las sirenas mientras que su tripulación remaba sorda, gracias a la cera que había puesto en sus oídos. Todos sobrevivieron a las ninfas aladas y todos, menos el héroe, murieron poco después en la boca de un monstruo o bajo el rayo de Zeus (v. Canto XII, Odisea). Ni la Constitución ni los principios son un medio para limitarnos sino para disfrutar con prudencia, y no evitan un final trágico. Las conquistas de la técnica (el barco, los nudos; la Constitución, los contratos) son medios fundamentales pero insuficientes para la supervivencia. Ulises sobrevivió porque supo escuchar a Circe, quien le advirtió del peligro. ¿A quién escuchamos ahora? Antes, los argonautas sobrevivieron a las sirenas -sin haber sido advertidos de su cercanía- porque entre ellos se contaba Orfeo, cuya voz logró aplacar a las sirenas (v. Apolonio de Rodas, Argonáuticas). Los principios que gobiernan el canto generaron la amenaza y la solución. Hoy, la inteligencia artificial opera como un canto de sirena que nos seduce con sus promesas de saber; tal como fue subyugado Ulises. Ya navegamos en su dirección y el proceso judicial -como tantos otros procesos- está siendo dominado por su canto. ¿Qué podemos hacer? Quizás como Butes, el argonauta, sea adecuado saltar en su dirección y que nuestro destino lo decidan los dioses. Quizás, ahora, cuando todavía muchos no reman en dirección al atractivo peligro, debamos recordar alguna advertencia propicia o intentar distinguir entre los cantos de sirena otra voz, nuestra voz, una Estética del Derecho que nos permita decidir nuestro camino aunque el barco naufrague y no haya mástil al que sujetarse. Como sea, recordemos, a Ulises no lo salvó su barco, sino su astucia.